La explosión de productos Light, de la que hemos sido testigos durante los últimos 15 años, no ha traido otra cosa que sufrimiento a todos los amantes de la verdadera mesa.Y todo empezó con el santo grial de la insipidez culinaria. Símbolo de una supuesta buena salud, que por el hecho de parecer ser mas sana se ha llevado a cambio todo el sabor, el cuerpo y la sublimidad de la Mantequilla de verdad. La margarina señores, llegó aquí para quedarse. Al igual que el microondas, el plan auge y los marcianos, sus componentes y sus efectos son absolutamente desconocidos. Podría estar hecha de cualquier cosa, porque la verdad es que no tiene sabor a nada. Y no hablo de ese sabor a nada que tienen los fideos blancos, sino que la verdadera nada... el vacío, el éter, la ausencia absoluta de materia en el espacio. Nada quizás, mas una pizca de sal. Con horror he sido testigo innumerables veces de como, con el pasar de los años, en cada casa que para la hora de once había un generoso pan de mantequilla al lado de la marraqueta recién hecha, ahora hay un pote plástico lleno de margarina. Y por si no fuese suficiente, margarina light. Eso es el mismo sabor a nada, pero sin sal. Incluso, en la casa de mi propia madre. Aconsejada por sus hermanas ultra rubias/ultra lights, mi madre ha caído en la maldición de la margarina. Son pocas las familias que aún ostentan sentido común, que aún saben discernir entre el bien y el mal... que AUN compran mantequilla. Se comprobó que una ingesta diaria de mantequilla ayuda a vivir para siempre, a descubrir la cuarta dimensión y a alcanzar el nirvana.¡Por favor! ¡Si la margarina no sirve para nada! Algunos dicen que sirve para cocinar...¡Já! ¿Han derretido un pedazo de margarina en la sartén para después hacer crutones o pan con ajo, o inclusive... pollo? Se corta. Se desintegra en lo que parece ser un aceite impío, y se forman pequeños grumos flotantes de color amarillo. Sinceramente, prefiero usar aceite castrol en mis comidas.
Es cierto que tiene menos calorías, es cierto que es mas fácil de untar, es cierto que la pasan en la tele y que todas las etiquetas están mucho mejor diseñadas que las de la mantequilla... pero... ¡por favor! A la hora de comer el sabor es lo más importante. O al menos, debería serlo.
Si quieren alcanzar la felicidad instantánea, ayuden a su alma y compren una marraqueta recién hecha. Úntenla con mantequilla y depositen en su interior un generoso pedazo de longaniza. Entonces, la verdad os hará libres.





